lunes, 28 de abril de 2008

LA QUEMA (partida de rol narrativo)

Los personajes (apuntes de narración)

Eduard Lom es un hombre de 29 años. Tiene el pelo castaño y ojos marrones, mide 1,85 m. de complexión atlética y con gran poder de seducción en su mirada, descubrió a los 20 años cual era su devoción. Quería ser actor porno. Y no le fallaron cualidades. Su miembro de 18 cm de gran grosor le está abriendo camino entre cámaras para demostrar lo bien que maneja ese tesoro que tiene entre las piernas. Su última película, El taladrador del cuero, de estética leather, le dio salto a la fama en su país de origen, EEUU. En estos momentos se encuentra en un pequeño complejo-ciudad turístico del norte de la India descansando después de una semana de grabación en un templo abandonado del interior de la selva.

Jan Fuhilon. Joven de 25 años, reside en la India por cuestiones de trabajo (guía alpinista y aventurero). Trabaja en una pequeña empresa para turistas adinerados. De madre japonesa y padre nord americano, decidió salir de EEUU para instalarse en la India. De constitución atlética y 1.78 cm de altura, tiene heterocromia iridum (un defecto genético del iris de los ojos en el cual la persona tiene un ojo de cada color), por lo que su mirada resulta un tanto extraña (tiene los ojos verde y marrón) aunque quizás lo que más llama la atención son su pelo de color moreno, lleno de largas rastras que parecen contener alambres en su interior adoptando una forma un tanto puntiaguda.

(//los comentarios de los jugadores –no la de los personajes- se introducirán mediante este formato//)

La Quema-día 1:

Allí está Eduard con otros tres hombres enfrente de Jan Fuhilon. Uno de los hombres que los acompaña se ve ansioso y un tanto agitado por la situación es un gordete de unos 40 años aproximadamente y algo bajito, le tiemblan las piernas de manera descontrolada.

Jan Fuhilon: ¿te encuentras bien?

Gordete: Si, si no te preocupes…

Los otros dos hombres de una treintena de edad, se intercambian miradas en complicidad y entre palabra y palabra se regalan sonrisas y algún que otro arrumaco.

Jan Fuhilon introduce su mano entre aquel enmarañamiento de pelo y saca una pequeña barrita de color marrón, la quema por un extremo saca un poco de tabaco desecho y con gran habilidad mientras les dice que ya van a partir, se lía un porro. Por su parte Eduard abre un pequeño colgante que lleva en el cuello y deja caer en la sepultura de su mano un polvo blanquecino que sin miramientos introduce en una fuerte inspiración a sus pulmones.

No han pasado más de dos horas, cuando Jan decide hacer un alto en el camino, nuestro querido amigo John (el gordete) está exhausto. A la media hora de descanso deciden proseguir con la marcha, los tres turistas miran sorprendidos la paisajística del lugar.

Al llegar al punto de destino, se paran para comer los bocatas y beber algo de agua. Mientras descansan uno de los hombres de la pareja se acerca a Jan Fuhilon, lo abraza y sin previo aviso su compañero les lanza una foto. Jan que odia las fotos por naturaleza se presta a hacerles una con Eduard, ambos se colocan alrededor de este. Jan con gran rapidez coge la cámara y borra su foto, enga una sonrisa. Click, una foto para el recuerdo.

La vuelta transcurre con tranquilidad, Jan y Eduard entablan una pequeña conversación sin importancia que finaliza justo a la llegada de la excursión. Se despiden y cada uno sigue su camino.

Eduard camina tranquilo hacia su hotel de lujo, que es a lo que está acostumbrado, al llegar se encuentra con un hotel bastante viejo situado a unos cincuenta metros de la zona donde los turistas salen a tomar alguna copa. Al llegar a la recepción siente como un ardor en el estómago, algo de sudor frio: Esto es una mierda!!!!!! –se dijo a sí mismo- , coge el teléfono móvil, agenda, Patty, Peny, Peter!!!, pulsa la tecla de llamada, tres tonos, cuatro tonos, a la mitad del quinto…

Ey Eduard, ¿qué tal la semana de descanso?

La semana bien, pero esto es una mierda, ya me estás buscando otro Hotel

Pero si tú me dijiste que querías uno de lujo pues allí tienes – un tono bastante chulesco

No me toques los cojones Peter ya me estás bus…piiiiiiiiiii, Peter le colgó el teléfono

Vuelta a marcar. Que quieres Ed?

No me vuelvas a…piiiii, otra vez le colgó

Ya conocía el humor de su representante por lo que decidió ducharse, ponerse ropa algo ajustada para marcar, es hora de salir de caza.

Jan Fehilon se asoma desde la terraza de su ático (con el dinero que tenía ahorrado se compró toda la primera (última planta) del bloque de pisos. Se montó un precioso ático en el que poder plantar con tranquilidad su hierba y poder tener una buena reunión con algunos colegas)

Se enciende un peta, mira para abajo, observa a todos esos turistas. Desde luego esa pequeña ciudad nada tenía que ver con la realidad de la India. Salvo por el tráfico anárquico, y la pobreza que se respira en todo el continente.

Eduard sale tranquilo del hotel, se dirige a esa pequeña calle donde los turistas salen a tomar sus copas, ve un par de pubs bastante vacios, por el contrario una sala situada a mano derecha está a rebosar de gente, se oye música autóctona, un pequeño espectáculo tradicional hindú al estilo Bolliwood entretiene a toda esa camada de borrachos. Entra dentro del local, de bajas y redondeadas mesas, cojines se disponen alrededor de las tablas de madera. Se fija en un pequeño grupo de chicas a cual más hermosa, destacando una de ellas. De pelo moreno y ojos aceituna, de cuerpo ondeado con curvas que parecían caricias.

Se acerca, las mira y con un gesto suave aparta a dos de ellas para sentarse junto a la morena con ojos de aceituna. Hola, una mirada y una sonrisa. La chica simplemente se dedica a hablar en su idioma, Eduard no entiende lo que le están contando a lo que se decide a probar suerte. Paela???. Paella grita una. Empiezan a charlar un inglés chapurreado ininteligible para Eduard, lo tienen embobado una hora aproximadamente, le invitan a beber, lo levantan. Lo acaricia, se gira pide silencio en el pub, la gente se calla y resonando un chachachan chachan, deja escapar una dulce voz con la canción más famosa de striptease. (//a partir de ahora hay que hacer estas escenas - Jan//)Eduard algo cortado al principio (no es lo mismo el trabajo, que estar enfrente de tantas personas esperando a que haga un buen movimiento de cadera) empieza a desnudarse, algo torpe al principio, se anima entre coro y coro del local, se siente observado, deseado y eso enriquece su ego. Después del ligoteo correspondiente, consigue llevársela al hotel, donde claro está como acabó la noche.

Jan Fuhilon por su parte, al acabar el peta de buenas noches, se mete en su cama, se presenta una noche un tanto calurosa por lo que deja entre abierta la ventana de su casa. A eso de las 4.00 de la mañana…PUM! Un portazo, un sobresalto, la puerta de su cuarto está cerrada, recuerda que como siempre las ventanas de las otras habitaciones de la casa están cerradas, no podía ser la corriente (//mierda//) se levanta de la cama se acerca a la puerta y la abre cuidadosamente (//supersigilo, alerta, yyyy ocultismo, ocultarse, y silencio, y supervivenciay callejeo por sino conozco mi casa…esto es lo que pasa cuando se desconfía de un máster//) al salir de la habitación, carcomido por los nervios, se topa de lleno con un pequeño mueble que tiene en el pasillo, tirándolo, dejando la idea que llevaba de silencio, rota por un estruendo. Enciende la luz y encuentra todas las puertas cerradas. Todavía con el corazón sonando a tambores se dice a si mismo que todo debe haber sido parte de su profundo sueño, se introduce en la cama y se duerme.