miércoles, 28 de mayo de 2008

Comecarnes 2/2 _ a leer primero la anterior XD_

Al levantarse Jan tiró el vaso por el suelo, dirigió rápidamente su mano hacia los cristales, se que no me cortaré pensó. Y así fue. Ni el, ni Edward se había dado cuenta de lo sucedido. Las manos de Jan estaban llenas de callosidades, era dura, no tanto como un pedazo de cuero pero lo suficiente como para sentir tan solo un leve pinchazo del trozo de cristal que al romperse había quedado con el borde más afilado.

Sin dar más importancia, y por supuesto borrachos como cubas salieron del bar de copas.

Jaaaaaaaaan! Resonó la calle

A pesar de estar embriagado, Jan se giró, alzó los hombros en señal de que coño quieres tu ahora

Necesito un móvil

Y no podías decírmelo mañana?

Joder es verdad habíamos quedado…se carcajeó- Buenas noches Jan!!!

Buenas noches Bandera Nipona!!!!

Cómo????!!

Nada, nada, gesticuló Jan con la cabeza mientras dando la espalda a su nuevo amigo levantó la modo en señal de un hasta luego

Jan llegó a su casa (//como que llego a mi casa, espeeeera inspeciono, miro toda la casa y si eso luego me voy a dormir, eso sí cojo el cuchillo, preparo la maleta y dejo la pistola debajo del cojín del sofá del comedor donde voy a dormir//)

Luces titubeantes, silenciosa la calle, altas horas de la madrugada. Una chica al fondo, borrosa, el alcohol danzaba en su sangre. Ella hermosa morena española, de tez algo clara.

Le parecieron a él brazos moviéndose con gracia, dedos acompasando una canción. Se frotaba la cabeza, gesticulaba esfuerzos para arrancarse el aire de su alrededor, chillaba pero el chillido no se oía. Cerró los ojos. Abrió los ojos, delante suya su compañera de aventuras calientes, chillaba, lloraba, reflejaba desesperación, miedo, dolor. Un trozo de cráneo con cabellera entrelazándose en el aire . En una borrosidad, un breve instante. Calló al suelo con violencia, convulsionada sin su medio cerebro, ese ser lo miraba, le hablaba con la boca chorreante de sangre, no lo entendió. Sintió el pánico. Desapareció el alcohol de su sangre se giró en un inspirar, corrió en un suspiro.

Su pié se aferró al pavimento, calló, se giró no lo seguía. Corrió.

Era ella, respiraba rápido y agitado. No la oía…su boca…en su boca había algo viscoso.

No, no era ella, era el puto alcohol, solo sombras, solo sombras, se metió en la cama, nada más que eso sombras.

El comecarnes (1/2)

Jan se levantó sobre las siete y media de la tarde, se duchó, se lio un peta y bajo por las escaleras, abrió la puerta de la cocina y “almorzó” un vaso de leche con un par de galletas. Había estado durmiendo todo el día, no hacía ni diez minutos que se había levantado, eso era lo máximo que su barriga podía aguantar. “Esperaré un rato viendo la tele y saldré a cenar” se dijo para sí mismo.

A las 8.30 de la tarde Edward se levantó, se duchó, se piropeó un rato en el espejo y salió de su habitación tranquilamente.

No pasaban las 9.30 de la noche cuando Jan entro en un local para tomar una copa, de ambiente tranquilo y con música chill out era un lugar de reunión para los extranjeros que trabajaban en toda la ciudad. Le llamó la atención un hombre alto, de complexión atlética que llevaba una camisa medio abierta y bastante apretada con la intención de marcar su físico.

Joder, es Edward! – se acercó rápidamente con la cara medio fruncida

Me cago en la puta, como me ha dejado la casa este cabrón – se apuntó a sí mismo

Que tal Edward, te lo pasaste bien anoche verdad?

Pues si te tengo que ser sincero… - suspiró- No.

Como que no, no veas cómo me has dejado el salón de casa tío, ya te vale, está hecha una guarrada – ojos de enfado, y voz sin pizca de bromear

Además, yo me fui pronto, se quedaron ellas solas, les dije que se fueran pero…-titubeó un poco-… pero estaban muy borrachas

Bueno, de todas formas es la última vez que te dejo la casa para montarte una bacanal

De buena se había salvado Edward, que a pesar de no tener la conciencia tranquila estaba convencido que aquella cadera rota no era obra suya, bueno si que lo era, pero desde luego no fue ni la intención y mucho menos la idea…de todas formas, no recordaba nada de aquella noche.

¿Tienes pesadillas? –dejó caer Jan

¿Cómo? – no entendía a que venía esa pregunta

No, nada- se apresuró a cortar el alpinista

Bueno sí, a veces cuando duermo – asintió Edward

Bueno es lo lógico.

Parecía un partido de tenis, así se pasaron un buen rato. Entre copa y copa y sin explicaciones, los dos empezaban a sentir cierto grado de aprecio hacia el otro.

El reloj que posaba en la pared de la columna de los barmans del local fue el único testigo del hecho. En medio de la conversación de nuestros dos compañeros, la bombilla situada sobre la cabeza de Jan parpadeó, durante unas centésimas de segundo, mudó su luz por la profundidad de lo oscuro (//si tíos, pasó eso aunque no os pispasteis por cagarla en la tirada de percepción//)

Jan apoyó la mano sobre el hombro del que ya empezaba, sin saberlo, a ser un actor porno con algo más de renombre.

Edward sintió una descarga en su hombro derecho, apartó la mano de Jan y se apartó.

Fue entonces cuando Edward presintió algo, agarró su cartera, la abrió, buscó y rebusco. Una sonrisa de Jan un recuerdo. ¿Qué buscas?

No nada, la tarjeta de mi representante, joder la habré perdido.

Más bien me la he fumado pensó Jan recordando bien el número de boquillas que había sacado de ese trocito de cartón.

Un silencio acompasó a Jan, se fijó en la barra donde estaban sentados y se preguntó…¿cómo coño ha llegado esta hormiga aquí encima? Para Edward ese instante fue distinto, se sintió incomodo, molesto, algo hizo que mirara entre la gente buscando a alguien, se sentía fuertemente observado. Bueno tampoco no se de que me extraño – se apresuró a pensar- a estas alturas la película seguro que ya está a la venta por internet, será algún fan.

Ey –levantó una mano- otra ronda

Lo mismo? Preguntó el camarero

Asintió con la cabeza Edward

Gracias –apresuró Jan apoyando otra vez la mano sobre su hombro.

Pero que haces? Soltó a la vez que Jan veía un pequeño y efímero chispazo que si no vio mal procedía justo del borde de su dedo anular

Más dado una descarga

Son cosas que pasan

No si yo no digo que no es la segunda, ponme la mano en... a ver que pasa

Rieron un rato más se contaron chistes, estaban borrachos, las voces de alrededor empezaban a ser un tanto pesadas. Ey me voy a dormir - se levantó Edward

Yo también…haces algo mañana?

Pues la verdad que no

Podríamos vernos tengo el día libre

De acuerdo

jueves, 22 de mayo de 2008

El Maestro y el sirviente

Maestro... me dirijo a usted para comunicarle que hemos encontrado tres

¿Dónde? - Retumbó una voz tajante.

En una ciudad-complejo turísitco de la india

Y a que esperáis para traérrnoslos? – preguntó irritado

No será tan fácil – inspiró antes de contestar - dos de ellos ya han empezado a desarrollar sus cardinales.

¿Y el tercero? – añadió

El tercero no señor, pero si se encuentra con ellos no tardará en descubrirlos.

Interesante…¿Alguna cosa más?

Sí señor…ya han sido atacados por un armitros y un comercarne

¿Han conseguido acabar con alguno de los dos? - sonó algo irritado

No maestro, han huido.

Una grave risa inundó todo el ambiente del lugar – perfecto, eso significa que todavía no entienden nada…síguelos ...

Reverenció antes de salir de aquel sitio

Detente!

¿si señor?

Dinos fiel sirviente, cuáles son sus cardinales.

domingo, 18 de mayo de 2008

Noche en casa de Jan

Míralo siempre pensando en lo mismo, picha brava – dejó caer Jan de su boca con un tono algo despectivo

El grupo de mujeres estaba a unos dos metros de ellos. Edward llamó a Ana, las chicas se giraron. Ana corrió, saltó hacia él, lo abrazó, lo besó (realmente había sido una noche intensa) Este es Jan , poco entendió a parte de Jan, lo saludo, le dio dos besos y se lo presentó a sus amigas. Una de ellas lo alardeó soltando guapo!!! . Jan se ruborizó un poco pues a pesar de no entender lo que le estaban diciendo se sentía observado por un grupo de mujeres, cosa a la que no estaba acostumbrado. Las voces de esas jóvenes se tornaron cada vez más fuerte, la cabeza de Jan era martilleada por aquellas voces que por instantes se convertían martillazos que machaban sus oídos, sintió la cabeza reventar. Intentó alcanzar las bocas de aquellas jóvenes para taparlas y callarlas, era un ruido insoportable, pero estaban demasiado lejos. Fue entonces cuando sintió una descarga de adrenalina por todo su cuerpo, se embriagó del efecto. Forzó las articulaciones de sus manos, deseando llegar aunque tan solo fuese a una de aquellas bocas irritantes. Notó crujirse todos los dedos. Un mareo. Tenía la sensación de tenerlas en su interior…un mareo… respiró hondo. Un golpe en el bajo vientre, otro, otro. La boca llena de saliva. Un estómago a punto de reventar. Y reventó. Empezó a vomitar. El diafragma se clavaba en sus pulmones como cuchillas. El grupo de mujeres se apartó como pudo. Era una fuente de líquidos ácidos y mal olientes. No podía parar. Edward, recordó lo que le pasó hacia tan poco tiempo, esos vómitos irascibles después de correr a una velocidad que nunca hubiese pensado.

Edward lo cogió ladeando su cuello hacia el lado contrario. Jan apenas se mantenía en pie. Hizo un gesto con la cabeza señalando el fondo de la calle. Ana y sus amigas, entendieron enseguida que se lo iba a llevar y que les invitaba a acompañarlos. No estaban demasiado convencidas hasta que Edward dijo: Fiesta, señalando otra vez con la cabeza el final de la calle. Eso si lo entendieron. Y los acompañaron.

Al cabo de diez minutos llegaron a casa de Jan. Edward le pidió las llaves, y abrió la puerta.

¿Dónde tienes la habitación? – le pidió.

Jan simplemente movió un poco la cabeza señalando el fondo del pasillo. Sintió otra arcada, pero no vomitó. Subieron las escaleras piso arriba, al final del pasillo de la segunda planta estaba la habitación de Jan. Lo dejó caer sobre la cama. Jan simplemente cerró los ojos y se durmió.

Al bajar Edward encontró al grupo de mujeres sentadas en el sofá central del comedor. Encima de la mesa había un par de botellas de ginebra y whisky. Las mismas que faltaban en el mueble bar que estaba a la izquierda del salón.

Empezaron a beber y reír, a reír y a beber. Hasta que se hicieron las 22.30. Fue entonces cuando dos de las cinco amigas decidieron marcharse hacia el hotel.

Las otras tres se quedaron con Edward. Edward vio una gran oportunidad de disfrute interpersonal. Se sacó la camisa que llevaba, y miró a Ana. Ana le respondió con una mirada perversa, acariciando la pierna de Isabel. Isabel simplemente se sonrojó. Se levantó y se sentó sobre Edward.

Edward se sonrió a sí mismo. “Esto sí que son unas vacaciones”

Después de un par de horas esos cuerpos sudorosos estaban ya a su límite. Pero Edward tenía un as bajo la manga, se levantó del suelo, metió su mano en la camisa y sacó un polvo blanco, de sabor ácido. La fiesta tenía que continuar, Lo esparció sobre la mesa del comedor. Ana, Isabel y María, no dudaron ni un instante. Inspiraron aquella ralla de felicidad, y continuaron con la juerga. María estaba a cuatro patas, sentía en su interior los fuertes golpes de la maza de aquel actor porno, desde luego lo que le contó Ana sobre Ed era verdad, follaba como un puto amo. Se dejó azotar las nalgas mientras se la follaba por detrás. Ana lo acariciaba desde la espalda, le pellizcaba los pezones, le lamia el cuello, las orejas las nalgas, era una bacanal en toda regla. Isabel acariciaba los pechos de María fervientemente, los cogía, los apretaba, jugaba con su lengua y la lengua de María.

Edward se sentía poderoso, cada azote que daba, cada empujón, caricias, lametones, besos, gemidos…calor, calor, sudor. Un azote, un chillido, una arcada. Roció a María por dentro con su esencia más interna, por su espalda se derramó todo el vómito. María lloraba de dolor, se intentó levantar pero no podía. Había sentido un crujido a la altura de la cadera. Eso no había sido un simple azote. Ana se vistió rápidamente. Isabel intentaba consolar a María. Edward tan solo podía sacar el ardor de su interior tras cada arcada. Se marcharon corriendo, huyendo de Edward. Edward no sabía lo que había pasado. Estaba follando, solo estaba follando se repetía a sí mismo. Salió como pudo de casa de Jan se arrastró hasta su hotel se tumbó en su cama. Se durmió.

Jan pasó toda la noche durmiendo.

Edward folló, vomitó y durmió.

lunes, 12 de mayo de 2008

Sirena

El mar soplaba desde el este. Se respiraba la tranquilidad de la húmeda soledad, estaba acostumbrado a oler a sal, después de trece años desdibujé la luz en color y el color en costa marrón azabache, parecía tener el pelo verdoso, sin duda, señal de vida. Deseó encontrar a su gente, sabía que se mentía. Las olas lo empujaron lentamente... por fin llegaba, trece años de su vida quemados por el sol de trece años.
¿Habrían cambiado mucho las cosas desde entonces?…
Algo rozó y balanceó la barca de caña. Otra vez, una y otra vez. Qué debía de ser… se asomó y la vio. Era real, cola de pez, tez de mujer…una hermosa sirena como ningún marinero podría haber imaginado. Me miró a los ojos, se acercó, salió del agua, cantó para mis oídos, mi corazón ya era suyo. Me balanceó.Me hundió en el mar.

El marinero forcejeó mientras sus pulmones se ahogaban en el agua y en la sal a la que estaba acostumbrado a oler…La quema lo había encontrado otra vez, pero esta vez se aseguró de que no tuviese aire del que respirar.

la segunda mitad del día dos: Armitros (parte 2 de 2) - amos leed primero el post de abajo!!!!-

Pasaron una tranquila cena, hablaron algo más distendidos, y decidieron salir de marcha. Jan lo llevó por la zona más turística, hasta un pub donde sonaba música comercial india, de esa borrachera se podría contar tanto...como por ejemplo que Edward ligó, después de hacer un intenso striptease. Había entrado a un grupo de mujeres españolas y ellas lo animaron…

Para Jan fue algo distinto, partió al cabo de una hora, estos sitios le aburrían.

Llegó a su casa. Se desvistió. Se fumó un canutillo y se acostó.

Un chirrido al otro extremo del pasillo acompasando el cierre de una puerta. Otro, otro cierre. Una más, el sonido empezaba a ser molesto. Otra. Un sobresalto, ojos abiertos. Una tras la otra, con lentitud, se oían las puertas del pasillo cerrándose en dirección a la habitación de Jan. Solo quedaba la suya. Miraba fijamente a la puerta. Un chirrido lento, suave, un pomo girándose, visagras cumpliendo su función. Un corazón con intenso golpeo.

La puerta del cuarto se abrió, Jan no veía nada, pero poco a poco su vista se acostumbraba a la oscuridad y ante él, una sombra humana se tornaba de carne hueso. De movimiento torpe, lento, acercándose…Por fin veía su rostro, sin ojos, ni boca, solo un orificio vertical a la altura de la nariz atravesado por una membrana algo carnosa. De cada aleteo, salpicaban gotas de líquido viscoso. Jan se apresuró, sacó su 9 mm del cajón y le disparó indiscriminadamente. Ese ser no trato de esquivar, pero tampoco se detuvo al alcanzarle las balas, Jan se levantó, corriendo intentó abrir las ventas…Se acerca...intenta romperlas...se acerca. Coge la cómoda, la tira contra la ventana… casi podía sentir su aliento, no le daba tiempo a escapar, se pegó contra la pared, rozó el interruptor de la luz varías veces de manera para nada intencionada pero no hubo luz en la habitación.

Parpadeo un par de veces…

Un gran suspiro.

La habitación estaba revuelta. Él empapado, no sabía que estaba haciendo de pie. Joder seguro que en el pub me metieron algo en la bebida como siempre…Cuando los pille—se autoafirmo Jan, se dirigió a la cama, neguitoso y taquicárdico…seguro que me habrá hecho algo chungo en la cabeza esta puta mezcla..Así estuvo toda la noche, hasta que el sol empezó a entrar por la ventana. Se durmió.

A l mediodía siguiente y después de haber follado como un bestia Edward pasó el día tranquilo, Jan pasó el día fumando concienciándose de que todo había sido una pesadilla manejada por el LSD y las hierbas que se había fumado todo el día.

Hasta que a media tarde se encontraron.

Se saludaron, Edward se animó a contarle su gran faena (//por una vez que follo sin tener que gastar un punto de sangre//)

Jan lo miró con cara de pasar de todo. Mira Jan, señalando a un grupo de mujeres. Vamos que te presentaré a la que me follé esta noche y a sus amigas.

Segunda mitad del día dos: Ganando dinero fácil (parte 1 de 2)

Eh te ofrezco un trato – Jan sabía que en cualquier momento podía conseguir todo lo que los niños habían robado a Edward, pero también era consciente de que tenía poco tiempo –

Y cuál es el trato – todavía sentía el quemazón en su barriga, el ardor de los vómitos recorriendo su esófago, por suerte no le quedaba ni una gota de bilis por echar –

Tú me pagas y yo consigo tus cosas…, de acuerdo asintió Edward

De camino al descampado que daba justo detrás del hotel, Jan saca una pequeña bolsa de tela del tamaño de un mechero del pantalón. Dedo índice, dedo pulgar, un pellizco. Papel. Se enciende un porro.

Al llegar al descampado, ve donde siempre, como no, al grupo de Arunt y Sharunk…

Se acerca tranquilamente, sin prisa pero sin pausa hasta ellos…

Eh, al que habéis robado antes si me dais sus papeles y su cartera, os podéis quedar con todo el dinero que tenga,

No éramos nosotros- negaban todos con la cabeza y desviando las miradas.

Aruuunt, remarcó Jan --- Veeenga, que yo solo quiero los papeles, lo que siempre tiráis…el dinero es para vosotros


Al llegar delante de Edward Jan mueve sus manos de arriba abajo, frotándolas, diciéndole que no los ha conseguido.

Edwuard simplemente no gesticula más que retorcijones.

Tenemos un problema…si quieres los papeles hay que pagarlos.

Pero tioooo, que me estás contando…, no llevo nada encima – Le contesta Edward

Y no puedes conseguir dinero de alguna otra manera – se exclama Jan

Sin mi móvil no. Recalca

Allí, ya si que no te puedo ayudar.

Pues con mi móvil si que podría..Reforzó el actor

¿Y no te sabes ningún número de memoria?

No tío

Espera ya se, y girándose se dirigió hasta un pequeño telephon center. Edward lo siguió.

Jan pagó la llamada del número de información, la del número de los estudios, y la del móvil Cross. Una transferencia y todo arreglado, a la mañana siguiente desde cualquier sucursal bancaría con su DNI tendría el dinero.

Jan se sintió algo impaciente, dos minutos, andaba detrás de él. Lo paró…tendió su mano…

No solo le dio el documento de identidad, también la tarjeta de crédito, y los demás papeles y documentos que había en la cartera. Una vez en la sucursal Edward intentó engañar a Jan para no pagarle los 500 dólares pactados, dándole solo trescientos, Jan se percató en seguida y para evitarse problemas Edward le dio lo que faltaba.

Más caído bien- soltó Jan entre una sonrisa, te invito a cenar (a un bareto barato…se susurró en su mente

Ewduard que ya no tenía nada que hacer, asintió.


jueves, 8 de mayo de 2008

De como la Peste tornó en vida

Los campos olían a carne en descomposición,
un aire pestilente ahogaba la pureza de aquella pequeña villa.
La Peste sobrevolaba los campos muertos de almendros.
Flores blancas fueron…cenizas, banderas pálidas y tan vacías de vida.
Sus alas,
sobrecogían los hogares de los aldeanos del lugar.
Y es que cada pedazo de tierra era asfixiante.
La desgracia se unió a esa familia, a sus campos, a sus animales, a su vida.
A sus cercanos.
Nunca nadie supo el despropósito del amor.
Rompió sus cadenas, aceptó el hijo de aquel maldito ser, esa larva inmunda.
Tres lunas y un cuarto menguante.
La Quema la consumió.

lunes, 5 de mayo de 2008

La mitad del día dos: De como Edward siente su rapidez

Ya bien entrada de la mañana Jan, se levanta sin prisa para empezar el ritual de su despertar, deshace el tabaco, le añade su hierba, coge un papel, lo lía con su mano derecha, se lo apoya en los labios, enciende un mechero, acerca la llama, inspira, cierra los ojos, exhala y se levanta. Se prepara su tazón de leche con cereales, y desayuna tranquilamente desde el balcón del primer piso relajado, observando a los autóctonos que van por la calle. Es demasiado pronto para la mayor parte de los turistas.

Después del desayuno Edward decide dar un tranquilo paseo por las calles de la ciudad, le molesta un poco el llenarse de polvo cada vez que sale a la calle pero que va ha hacer, no se puede quedar todo el día en la habitación del hotel, solo una situación lo puede mantener ver.

Jan aburrido de estar en casa decidió darse una vuelta por el barrio. Baja por las escaleras, saca una barrita, entra en el comedor, la quema tranquilamente, saca un poco de tabaco, lo mezcla, saca un papel, recoge la mezcla, juega formando un cigarrillo, lame un borde, gira y se lo enciende. Al salir del comedor tomando la primera calada de su segundo porro, mira hacia el cielo despejado, se rasca un poco la barriga. Hoy será un buen día.

Arjun mira ese turista, señalando a un hombre de unos 29 años, bastante más alto que ellos, de pelo castaño y ojos marrones.

No se Sharuhk, se le ve muy alto y fuerte- dijo algo dudoso

Ya lo sé Arjun, pero mira la ropa que lleva y cómo anda seguro que tiene mucho dinero

Vale – aceptó Sharunk- pero tenemos que ir todos

Vale.

Así se juntaron alrededor de 7 niños y se dirigieron hacia aquel hombre mayor, se acercaron disimuladamente, Sharunk como suele hacer siempre metió la mano en el bolsillo derecho de manera descarada, Edwuard no dudó en girarse enseguida para frenarlo, pero entonces Jaya pegó un estirón en el bolsillo contrario, había conseguido quitarle la cartera, Sharunk por su parte rápido como una serpiente deslizó su mano dentro del bolsillo cogiéndole el móvil. Edward al repararse de la jugada decidió perseguir Sharunk corriendo desesperadamente tras el.

Sharunk conocía la ciudad, era veloz como un ratón cuando huye de ese gato molesto que se lo quiere comer, gira a la derecha se mete entre el gentío, Edward corre tras él, se topa con un par de viandantes, “venga que ya lo tienes” se dijo a sí mismo.

Lo tenía a unos quince metros, cuando Sharunk volvió a voltear en la esquina venidera.

Que voy hacer si estos putos críos se quedan con lo cartera (no le preocupaba la documentación, al fin y al cabo siempre le queda el consulado, pero las tarjetas de crédito…eso si que era un problema). Notó una descarga de adrenalina recorrer su cuerpo, empezó a sudar como nunca había sudado, la camisa se le pegaba al pecho dejando un halo húmedo en las axilas. Se vio correr como nunca había corrido. Ya lo tengo. En cada segundo que pasaba Edwuard ganaba terreno, diez metros, cinco metros, alarga su brazo, tres metros. Ya lo tengo!!!!!

Alargó su brazo y lo agarró por el hombro derecho, pensó en frenar, pero no pudo.

Jan andaba tranquilo fumando un peta. Derrepente, se vio en el suelo, solo notó un batacazo, al levantar la vista vio a Sharunk, se levantó para cogerlo pero fue demasiado tarde, Sharunk era rápido, era un niño, y era como un pequeño amigo para el. Al girarse se sorprendió. Acababan de robar al Actor Porno del otro día. Pero algo instintivo lo hizo apartar, y menos mal que se apartó.

Edward notó un ardor y una salivación excesiva, fue como un puñetazo en el bajo vientre, atravesó todo su abdomen hasta su garganta. Joder!!! Gritó Jan, se sorprendió al ver a Edward vomitando de aquella manera, los chorros de ácido gástrico salían a propulsión por su boca, chorro a chorro, chorro, chorro , más chorros, parecía no tener fin.

Enga Edward, vámonos que te acompaño al hotel. Graci….Buajjj y siguió propulsando sus más profundos ascos. Entre pasos Jan se curro su tercer peta

viernes, 2 de mayo de 2008

Lampigias

Fueron tiempos de antaño, no recuerdo ni la edad que tengo, maldito el día en que decidí aceptar aquella carta de la vieja Úrsula Pens, estaba escrita con la mano de la desgracia. Pero por aquel entonces solo me interesaba poder amarla aunque fuera solo una noche, dos caminos que se unen en un punto y se desunen al andarlos al encontrase de frente con el amanecer. Pero para mí fue la eterna noche, mi tez parece m uerta, el tiempo de mi adolescencia lo pase entre cuatro paredes angustiosas, siempre respirando el vicio comulgado con el aire.

Mi piel es prácticamente una hoja de papel reseca por el paso de los años, por el paso de las largas noches de tristeza y desesperanza. Mis venas son hilos azulados que parecen tatuados sobre la carne. Mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad como aquellos gatos pardos que maullaban cada noche bajo mi ventana para recordarme que ya no era humano q no tenia vida, que no tenía muerte solo soledad y más tristeza. El día que atravesé esa puerta me sentencié, quedé marcado por la extensa red del transmundo .

No luché.

Me dejé fascinar por el poder.

Úrsula Pens, arpía inmunda, lo sabía todo mucho antes que yo, por eso al ver ese joven del montón en un guateque, desquebrajó su alma buscando mi mayor debilidad, y obtuvo una respuesta clara.

La quema se lo susurró.

Así empezó a escribirse mi condena y me condenó como la fiereza del animal cazador al encontrar su presa.

Me convenció, me unió a ellos, Las Lampigias.