viernes, 25 de julio de 2008

El descenso del imperio

Y la bestia emergerá rodeada de una turbulenta nube de venganza. La casa de los incrédulos será demolida y Ellos serán totalmente arrasados.

Y la bestia se hará legión. Sus números se multiplicarán por mil millares. El estruendo de un millón de truenos crecerá hasta convertirse en La Tormenta. La tierra será cubierta por el polvo de los incrédulos y los seguidores de su Gran Dios morirán.

Y así, al final la bestia descenderá para perecer y los incrédulos se alegrarán.
Pero no todo se presenta perdido, de las cenizas emergerá su voluntad. La Bestia será Quema y la Quema consumirá a los incrédulos entre el fuego y el fuego. Los seguidores se acordarán del horror de antaño.

miércoles, 9 de julio de 2008

Texto extraido del libro: "La Creación" por GO'H

En el principio del fin la nada inundaba el todo. La existencia era inexistente. La conciencia inconsciente. Todo era nada.

Fue entonces cuando El Unico decidió su creación.

La segunda eternidad se fue haciendo a sí misma. Se creó el polvo divino, de este se creó el segundo universo, el universo de la luz. Todo era vida, todo era hermoso en su seno, todo era perfección, pero El Unico se aborreció de la tranquilidad, la paz, la harmonía, la vida eterna, la conciencia pura, ilimitada, inmortal y eterna.

Entonces creó el tercer universo, al que bautizó como el caótico. Lo amarró mediante la línea fronteriza. El caos fue creado sin conciencia de sí. Solo libre albedrio, encerrado bajo el condicionamiento de El Unico.

La tercera enternidad (el cuarto universo) fue creado. El Unico se aborreció del libre albedrío sin sentido. Dando un paso más a su gran creación forjó las almas, seres de luz hechos a imagen y semejanza, pero con un poder muy inferior al suyo, al fin y al cabo procedían de partes de su eternidad.

por fin una noche tranquila (si claro, eso es lo que decimos los masters XDD)

Al llegar a casa Jan decidió dejar a su amigo el etílico durmiendo en el sofá, tomándose la libertad –que para algo estaba en su casa- de ponerle una olla en el suelo, bien pegado a las patas delanteras del sofá por si durante la noche a Nico le volvían las ganas de devolver.

Jan por su parte una vez acomodado Nico subió escaleras arriba hasta su habitación donde durmió tranquilamente.

Edward llegó después de un cuarto de hora a la habitación de su hotel. Apenas se desvistió. Se tiró sobre las sábanas directamente, cerró los ojos. Oscuridad.

Un portazo, dos portazos…(joder! Dijo Jan)

Jan se levantó sobresaltado, no puede ser no puede ser, se repetía para sí mismo una y otra vez mientras buscaba su 9 mm un tanto nervioso y bastante alerta. Se levantó de la cama, se dirigió con paso firme y sigilosamente hacia la puerta. La abrió.

Un portazo, la puerta del baño. No hay nada.

Otro portazo, la puerta de la habitación anexa. No hay nada. Por ahora – pensó.

Corrió rápidamente hacia el piso de abajo, directo al salón, directo al sofá, directo a su amigo Nico. Directo hacia el armitro. Lento, apoyado sobre el respaldo del sofá, acercando su cara sin boca, acercando esa brecha vertical que tenía a la altura de la nariz, una nariz sesgada a carne viva, con aquel cartílago que iba de arriba abajo aleteando, podía oír ese aleteo, esa vibración que golpeaba el aire

Nico abrió los ojos, no podía creer lo que veía, una cara sin ojos, sin boca, gotas de esputo viscoso sobre sus mejillas. Se horrorizo.

Jan cogió el primer jarrón que encontró sobre la mesita que decoraba el reborde de la puerta. Lo lanzó con gran destreza contra aquel ser ya conocido. El ruido hizo recuperar la conciencia Nico, tenía que apartarse. Lo golpeó con las piernas con toda la virulencia que fue capaz, como mínimo se lo quitó de encima, lo lanzó directamente sobre su amigo Jan. Mareo, arcada, ardor, mareo, arcada, ardor, mareo, vomitó.

Tanta suerte para Jan que lo vió venir y de un simple paso hacia la derecha se aparto, dejando al armitros acabar sobre el suelo. Rápidamente sujetó a Nico, un brazo sobre su espalda, el otro para que se pudiese apoyar. La puerta. Una manecilla girándose. Una manecilla intentando girar. Una puerta que no se abre. La salida a la calle no existe solo una puerta cerrada.

El armitros se acerca. Tórpemente pero con el tiempo suficiente para situarse a tres pasos de Jan y Nico. Jan agarra su machete de caza, se lo incrusta en la cara, lo gira, lo retuerce. El armitros lo coge de un brazo, no genera ningún sonido de dolor, sigue lento, constante. Agarrando con fuerza el brazo de Jan, un intento de crujido por parte hombro, no se rompió se dislocó. Lo levantó como si fuese una pluma, y como si fuese una piedra lo lanzó contra la pared, lo empotró contra la pared. Jan sintió un leve mareo, le acaban de aporrear la cabeza contra una puta pared de su casa.

Nico corrió como pudo hacia la chimenea decorativa del salón cogió el atizador, volvió hacia el armitros para golpearlo. Un paso, dos pasos, tres pasos, un atizador resbalando por la mano, cuatro pasos, cinco pasos, un atizador descansando sobre el suelo, arcadas, ardores, arcadas, ardores, un mareo, la conciencia, miedo, terror, pánico. Vómito. Colapso. Desmayo.

Jan en un intento desesperado por hacer algo sin saber el que, encendió un mechero, intentó encender un mechero, pues a cada llama un soplo de brisa suave la apagaba.

Luces parpadeando, sombras difuminándose, luz en la oscuridad. Nico desmayado junto a sus más íntimos jugos gástricos acariciando su cara. Jan jugando con la rueda de un mechero que por fin se encendió. Luz en la habitación. Un círculo grabado a fuego, un círculo oscuro, un círculo quemado en su techo un punto en su centro. El ojo que todo lo ve.