viernes, 2 de mayo de 2008

Lampigias

Fueron tiempos de antaño, no recuerdo ni la edad que tengo, maldito el día en que decidí aceptar aquella carta de la vieja Úrsula Pens, estaba escrita con la mano de la desgracia. Pero por aquel entonces solo me interesaba poder amarla aunque fuera solo una noche, dos caminos que se unen en un punto y se desunen al andarlos al encontrase de frente con el amanecer. Pero para mí fue la eterna noche, mi tez parece m uerta, el tiempo de mi adolescencia lo pase entre cuatro paredes angustiosas, siempre respirando el vicio comulgado con el aire.

Mi piel es prácticamente una hoja de papel reseca por el paso de los años, por el paso de las largas noches de tristeza y desesperanza. Mis venas son hilos azulados que parecen tatuados sobre la carne. Mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad como aquellos gatos pardos que maullaban cada noche bajo mi ventana para recordarme que ya no era humano q no tenia vida, que no tenía muerte solo soledad y más tristeza. El día que atravesé esa puerta me sentencié, quedé marcado por la extensa red del transmundo .

No luché.

Me dejé fascinar por el poder.

Úrsula Pens, arpía inmunda, lo sabía todo mucho antes que yo, por eso al ver ese joven del montón en un guateque, desquebrajó su alma buscando mi mayor debilidad, y obtuvo una respuesta clara.

La quema se lo susurró.

Así empezó a escribirse mi condena y me condenó como la fiereza del animal cazador al encontrar su presa.

Me convenció, me unió a ellos, Las Lampigias.

No hay comentarios: