El mar soplaba desde el este. Se respiraba la tranquilidad de la húmeda soledad, estaba acostumbrado a oler a sal, después de trece años desdibujé la luz en color y el color en costa marrón azabache, parecía tener el pelo verdoso, sin duda, señal de vida. Deseó encontrar a su gente, sabía que se mentía. Las olas lo empujaron lentamente... por fin llegaba, trece años de su vida quemados por el sol de trece años.
¿Habrían cambiado mucho las cosas desde entonces?…
El marinero forcejeó mientras sus pulmones se ahogaban en el agua y en la sal a la que estaba acostumbrado a oler…La quema lo había encontrado otra vez, pero esta vez se aseguró de que no tuviese aire del que respirar.
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